La incertidumbre siempre estuvo ahí. Solo que antes la escondíamos detrás de rutinas estables, trabajos previsibles y planes que parecían inamovibles. Pero cuando el mundo empezó a cambiar más rápido que nuestra capacidad de procesarlo, algo se hizo evidente: no tenemos el control que creíamos. Y esa sensación, si no la trabajamos, se convierte en ansiedad.
Gestionar la ansiedad en tiempos inciertos no es una habilidad innata. Es una práctica. Una disciplina suave. Una especie de entrenamiento interior que mezcla calma, autoconocimiento y coraje para dar pasos aun cuando el camino no esté iluminado. No se trata de blindarse emocionalmente, sino de aprender a navegar con más conciencia.
A lo largo de este artículo, quiero acompañarte a mirar la ansiedad desde un lugar más humano: no como enemiga, sino como una señal que pide atención. Y a la vez ofrecerte herramientas prácticas, simples y realistas para que puedas sostenerte en momentos de confusión y transformarlos en oportunidades de crecimiento personal.
La ansiedad como señal
Cuando vivimos un período de incertidumbre, ya sea económica, emocional, laboral o persona, nuestro cuerpo activa un sistema ancestral de alerta. No lo hace para castigarnos, sino para protegernos. La ansiedad es un mensaje que dice: “Algo no está claro. Necesitamos preparar recursos.”
El problema es que hoy la mayoría de nuestros miedos no son animales salvajes persiguiéndonos, sino pensamientos que se aceleran y escenarios hipotéticos que rara vez ocurren. La mente se adelanta y el cuerpo la sigue: respiración agitada, opresión en el pecho, inquietud, dificultad para concentrarse, etc.
La primera clave para gestionarla es dejar de pelear con ella. La resistencia alimenta el fuego, pero la aceptación lo calma.
Puedes empezar por algo sencillo: ponerle nombre a lo que sientes.
“Estoy ansioso”
“Estoy preocupado por lo que no sé”
“Me cuesta confiar en lo que viene”
Aceptar no es rendirse. Es reconocer el terreno para poder avanzar con más claridad.
Desde el coaching, este es un punto importante: la ansiedad muestra una brecha entre lo que quieres y lo que crees posible en este momento. Mirarla de frente te permite comenzar a cerrar esa brecha.
Toma un papel y divídelo en dos columnas.
En una escribe: ‘Lo que depende de mí’
En la otra: ‘Lo que no depende de mí’
Te sorprenderá ver cómo la columna de lo incontrolable suele ser la más larga y cómo afloja la tensión cuando soltamos la pretensión de resolverlo todo.
Crear estabilidad interna cuando afuera todo cambia
Cuando afuera hay caos, necesitamos construir pequeñas islas de calma. No son grandes decisiones ni giros de 180 grados: son gestos cotidianos que regulan tu sistema nervioso y te devuelven presencia.
Respirar para volver al cuerpo
Parece demasiado simple, pero funciona. La respiración es la forma más directa de desactivar la alarma interior
Alargar la exhalación le manda al cuerpo el mensaje: “Estamos a salvo”. Repítelo tres veces. Te va a sorprender.
Rutinas mínimas, no rígidas
La incertidumbre rompe estructuras. Por eso crear pequeñas rutinas puede ser un refugio:
-un café o té preparado con calma
-una caminata corta-
-revisar tu agenda solo dos veces al día-
-cinco minutos de respiración consciente-
-un espacio para escribir lo que has pensado o sentido
Las rutinas no son para ser productivo: son para recuperar el eje.
No hace falta llenar tu día de hábitos perfectos. Basta con uno o dos que puedas sostener aun en los días difíciles.
Limitar el ruido informativo
La ansiedad ama la desinformación y el caos. Y hoy cada notificación intenta convencernos de que todo es urgente. No lo es.
Elige horarios concretos para informarte con fuentes fiables. Y cuando sientas que el cuerpo se tensa con una noticia, pregúntate:
“¿Esto tiene impacto real en mi vida ahora? ¿O es ruido que estoy dejando entrar?”
La diferencia entre alarma real y alarma imaginaria puede ahorrarte mucho desgaste.
Convertir la incertidumbre en impulso
La ansiedad surge muchas veces porque hay un propósito que todavía no estás nombrando. Algo que quieres o algo que sabes que ya no quieres, pero lo mantienes en pausa por miedo al error, al juicio o al cambio.
La incertidumbre, vista desde otro ángulo, abre puertas. Nos obliga a revisar prioridades, a preguntarnos qué estamos sosteniendo por inercia y qué nos gustaría construir si tuviéramos más coraje.
Un buen ejercicio de coaching para estos momentos es preguntarte:
¿Qué parte de esta ansiedad habla de algo que quiero cambiar?
¿Qué me está tratando de decir esta incomodidad?
¿Qué decisión estoy postergando por miedo a equivocarme?
¿Qué es lo más pequeño que puedo hacer hoy para sentir más dirección?
La intención no es tomar grandes decisiones cuando estás ansioso. La intención es moverte lo suficiente como para salir del estancamiento.
A veces la ansiedad no viene del futuro incierto, sino del presente que ya no encaja.
Y aquí aparece un giro interesante: en muchos casos, la incertidumbre no destruye; libera.
Te saca del piloto automático y te invita a construir desde un lugar más auténtico.
Acompañarte con bondad en el proceso
La ansiedad no desaparece por completo. Se gestiona, se transforma, se suaviza. Y para eso necesitás algo que solemos olvidar: un trato amable hacia ti mismo.
No hay crecimiento personal sin autocuidado emocional.
No hay coraje sin vulnerabilidad.
No hay claridad sin pausas.
Permítete pedir ayuda si la necesitas. Buscar contención. Conversar con alguien que pueda escucharte sin minimizar lo que sientes. A veces el simple hecho de poner las palabras afuera reduce a la mitad la carga interna.
También es importante reconocer tus logros, incluso los pequeños. En tiempos de incertidumbre, cada avance cuenta: enviar un mensaje pendiente, ordenar un espacio, tomar una decisión sencilla, salir a caminar, descansar bien.
La ansiedad disminuye cuando empezamos a construir evidencia de que sí podemos sostenernos, incluso cuando no todo está claro.
Vivir con coraje cuando el futuro es incierto
El coraje no es ausencia de miedo, es avanzar a pesar de él.
Y la incertidumbre, lejos de ser un castigo, puede convertirse en una maestra exigente pero sabia.
Gestionar la ansiedad se trata de aprender a caminar sin perder tu centro. Elegir conscientemente lo que depende de ti. Crear hábitos que te sostengan. Escuchar lo que la ansiedad te está mostrando de tu vida. Tomar decisiones pequeñas, pero consistentes. Y recordar que no necesitás resolver todo hoy para estar en el camino correcto.
La incertidumbre seguirá existiendo, sí.
Pero tu manera de habitarla puede cambiar profundamente.
Y cuando empiezas a escucharte, a cuidarte y a actuar con intención, la ansiedad deja de ser una tormenta y se convierte en un viento que te empuja hacia adelante.
Un viento que, con práctica, puedes aprender a usar a tu favor.
Soy Juanjo Lertxundi, coach personal con amplia experiencia en ayudar a las personas a superar sus limitaciones y alcanzar sus metas. Ofrezco sesiones de coaching en Donostia y también de manera online para llegar a personas en toda España y el mundo.
Mi enfoque es personalizado y adaptado a las necesidades de cada individuo, utilizando técnicas probadas que fomentan el autoconocimiento y la transformación personal.
Por ello te invito a que trabajemos juntos para encontrar un camino hacia una vida más plena y satisfactoria.



